DECADA DEL 50

Es la época romántica del fútbol, con un bicampeonato de la ciudad, primero el de 1952 después de ganarle en la final al Gimnástico, 2 a 1, y en 1953 al San Lorenzo, 1 a 0.


Con el aparecimiento de un arquero que hizo historia por su calidad y por las anécdotas que se crearon en torno a su persona, de Raúl "Capacho" Jiménez y de un volante que hasta ahora es un modelo difícil de ser igualado, del eterno Luis Vasquez, patrón y amo de la media cancha.

Es una década que suma también dos campeonatos provinciales, el de 1954 después de ganarle al Argentina, hoy Deportivo Quito, 4 a 2, y desde ahí dicen que los de la Plaza del Teatro, le tienen bronca a los albos, por que le quitaron el caramelito en el primero organizado en Pichincha y el de 1958, cuando la aplanadora alba arrolló al España 3 a 0,con plantillas que llenaban el viejo y querido estadio del Arbolito y poquito después el Atahualpa, recién construido, con exhibiciones que dejaban asuntos para comentarlos toda la semana siguiente, hasta el próximo juego de "La Bordadora".

Es el tiempo para ganar y ganar, el equipo "Merengue", a fines de la década y comienzo del año 60, estableció un récord impresionante se mantuvo 25 partidos invicto, cuando los universitarios compusieron verdaderos poemas épicos en la cancha para su hinchada y victorias sobre grandes equipos internacionales como la Selección de Nariño en Pasto.

Las plantillas revelan jugadores que estamparon su nombre para siempre en la historia alba, con el "Pibe" Roberto Ortega que había llegado del Fiorentina de Italia en el 58, con un estudiante que fue crack y después por su gran capacidad intelectual, ocupó altos puestos en la administración pública, José Morillo, con la presencia del "caballero del fútbol" Gem Rivadeneira, de quién se decía entraba a la cancha con smoking porque su fútbol era demasiado elegante y fino, lástima que el destino lo llamó demasiado temprano a su seno.


Una década que marca la presencia de José María Ocampo, el maestro de la cancha, de Oswaldo Balduzzi y Oscar Sappia, que marcaron y dictaron sentencia futbolística en el fútbol ecuatoriano, entre los foráneos.

De Eduardo Zambrano que poco a poco fue haciendo escuela para ser el gran capitán del equipo por largos años después, de los jóvenes que más tarde fueron claves en las selecciones de la provincia y del país.

De Armando Navarrete, Hugo Mantilla y Manuel Stacey, de los ya experimentados Clemente Rodríguez, Luis Vásquez, César Mosquera, Talo Rivas, de Clímaco Cañarte.

Es el tiempo de la barra de Liga, de aquella que nunca paraba de alentar al equipo, del comienzo de la campaña y del ahora tradicional baño después de ser campeones, de los grandes y apasionantes clásicos con el Aucas, que llenaban estadios y alimentaban la chispa de los quiteños por las raras y singulares apuestas entre los hinchas.

Entre los dirigentes comienzan a aparecer el doctor Raúl Vaca, nombrado presidente en el 53, ex basquetbolista, campeón y seleccionado de la provincia, del doctor Germán Jaramillo, del ingeniero Enrique Martínez y que ya comienza marcar a fines de la década de la presencia del gran presidente albo, de Rodrigo Paz Delgado.

La década termina en medio del invicto y comienza a escribir la maravillosa historia del 60, cuando todos los calificativos se agotaron para cantarle a la Liga Deportiva Universitaria.